Piconcillo

Aldeas de Fuente Obejuna

Piconcillo

Introducción

En el corazón de Sierra Morena, vigilada por el majestuoso «Cerro del Castillo», se alza la aldea de Piconcillo. Rodeada por las dehesas de Segoviana y Molinillo, es un rincón donde la naturaleza se muestra en todo su esplendor.

A 13,6 km de Fuente Obejuna, esta población rica en caza y vistas cinematográficas ofrece al visitante una paz profunda, solo interrumpida por el susurro de la «Zamarrona», la vertiente de agua que divide históricamente la aldea.

«Donde el Cerro del Castillo vigila un horizonte de encinas y promesas de plata.»

De Carboneros y Montañas

El nombre de Piconcillo es un diminutivo de «Picón». Unas hipótesis apuntan a la antigua explotación de carbón vegetal (picón) que realizaban sus habitantes; otras, al relieve de «Sierra Picón», cuyos picos o peñascos dieron identidad al asentamiento.

La actual Plaza de Oriente, el punto más elevado, fue antiguamente un peñascal intransitable que los vecinos rebajaron a pico y pala, configurando el trazado simétrico que hoy caracteriza a la zona más moderna de la aldea.

Plata, Mica y Uranio

Piconcillo fue un próspero enclave minero. Desde el siglo XIX, minas como «La Rica Andaluza» o «Mina María» extrajeron plomo, plata y fluorita violeta. Pero el hito más sorprendente ocurrió en 1939, cuando se descubrieron las primeras vetas de uranio en Sierra Albarrana.

Aquellos fueron años de gran actividad, donde el toque de la cuerna marcaba el inicio de la faena y la economía de la aldea florecía gracias al berilio y la mica, seleccionados artesanalmente por mujeres y niños.

Iglesia de Ntra. Sra. del Rocío

La Iglesia de Piconcillo, bajo la advocación de la Virgen del Rocío, es un edificio de fachada lisa y serena. En su interior, las bóvedas esquifadas cobijan el Altar Mayor, presidido por un Crucificado y la imagen de la Patrona.

Llamativa es su pila bautismal, un regalo histórico de Juan Pedro Ledesma, y su espadaña de dos vanos que llama a los fieles desde lo más alto de la aldea antigua.

Sabor a Sierra

La cocina de Piconcillo es auténtica y contundente. El cocido con pringá, las migas con pimientos y los platos de caza (conejo, perdiz y liebre) son los pilares de su gastronomía.

No faltan los dulces tradicionales como la «fruta de sartén», pestiños y buñuelos, que endulzan las tardes de fiesta y las reuniones familiares tras las jornadas en el campo o la dehesa.

De Templarios y Leyendas

El subsuelo de Piconcillo es una cápsula del tiempo. El Cerro del Castillo alberga restos de fortificaciones ibéricas, mientras que en la «Ribera de los Mártires» se hallan ruinas que la leyenda atribuye a un convento de Templarios.

Han aparecido monedas romanas de Galba y fragmentos de ánforas que confirman que este enclave, gracias a su riqueza mineral y estratégica, ha sido codiciado por todas las civilizaciones que cruzaron Sierra Morena.

Fiestas Rocieras

La Feria y Fiestas en honor a Ntra. Sra. del Rocío a mediados de agosto es el momento de máximo esplendor en la aldea. Pero la fe piconcillera se vive todo el año con las romerías de San José (marzo) y la Virgen de Fátima (mayo).

Momentos de convivencia en las dehesas donde el cante y el baile rociero devuelven a Piconcillo la alegría de sus años más prósperos.