Iglesia de Ntra. Sra. del Castillo
Bienvenido al punto más alto y con más misticismo de Fuente Obejuna. Aquí, majestuosa e imponente, se alza la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Castillo, un templo gótico construido a finales del siglo XV sobre los cimientos de la historia (y la leyenda) de nuestra villa.
Aunque no hay pruebas definitivas, la tradición popular siempre ha afirmado que esta iglesia se edificó justo en el lugar donde se encontraba el castillo, o bien la antigua mansión del famoso Comendador Mayor asesinado en 1476. Hoy en día, sus gruesos muros y su arquitectura gótica invitan a sumergirse en un viaje en el tiempo inigualable.
El esplendor de la piedra tallada
Al cruzar su hermosa portada sur, la más espectacular del templo con sus arcos ojivales y capiteles romanos y visigodos reciclados de la antigüedad, te recibirá un grandioso espacio basilical. Fíjate en sus tres naves, separadas por robustos pilares y cubiertas por las elegantes nervaduras de sus bóvedas de crucería. Mientras la recorres, no dejes de admirar la preciosa pila bautismal de piedra del siglo XV con decoraciones geométricas.
Sus capillas laterales atesoran obras maestras que no puedes perderte. Destacan especialmente el espectacular Retablo Mayor renacentista (datado en la segunda mitad del siglo XVI), y el Retablo de la Capilla del Sagrario, una bellísima obra de puro estilo gótico tallada a caballo entre los siglos XV y XVI.
El secreto de las paredes y el gran tesoro
¿Sabías que durante siglos las paredes de este templo escondieron un secreto? En el año 1956, bajo gruesas capas de cal, salieron a la luz unas coloridas y ostentosas pinturas al fresco de finales del siglo XV. Estas obras, de marcado estilo hispano-flamenco, decoran varias de sus columnas y bóvedas transportándonos al aspecto original que tuvo la iglesia en la Edad Media.
Y si hay una pieza que te dejará sin aliento, es la joya de su parroquia: la imponente Custodia Procesional. Atribuida al cordobés Juan Ruiz el Vandalino (discípulo del genial Enrique de Arfe) y labrada hacia el 1550, es la mejor muestra de la orfebrería plateresca renacentista de toda la provincia de Córdoba. Es un asombroso «edificio» de plata cincelada en forma de torre de cuatro cuerpos, rebosante de relieves, figuras y hasta centauros en plena lucha.